Fuente: Diario Clarín
Pablo Novillo
Pablo Novillo
Turbio fondeadero donde van a recalar / barcos que en el
muelle para siempre han de quedar” ... en el tango Nieblas del Riachuelo, de
1937, Enrique Cadícamo ya contaba el destino de tumba del río sucio que separa
la Ciudad del GBA. Hoy la letra podría ser levemente aggiornada, porque el
Riachuelo no es sólo un “ torvo cementerio de naves” sino también de autos: el
Gobierno porteño lleva levantadas más de 50 carrocerías del río.
Se trata de un servicio de recolección de residuos que se
hace con lanchas, porque hay muchos lugares de la ribera que no permiten el
acceso a pie. “Todos los días recorremos la costa con personal que limpia sin
dañar la vegetación. Y desde 2012 quitamos de modo diferenciado los residuos
que se pueden reciclar”, explicó el encargado del programa, Javier García
Elorrio. Una de las embarcaciones tiene una particular historia: es una lancha
blindada que perteneció a la Legión Extranjera francesa.
¿Cómo fueron a parar los autos al río? La mayoría eran
coches robados, desarmados y tirados desde una barranca en la villa 21.24. La
mayoría de las carrocerías fueron levantadas hace años, pero cada tanto aparece
una sorpresa: semanas atrás encontraron un taxi.
La recolección de basura de la costa comenzó en 2010. Es
parte de las obligaciones que tiene el Gobierno porteño en el marco de la
“causa Mendoza”, el juicio por el cual la Corte Suprema condenó a Ciudad,
Nación y Provincia a sanear la cuenca Matanza-Riachuelo (ver El
saneamiento...). Uno de los objetivos es liberar el “camino de sirga”, una
franja de 25 metros a cada lado del río, que estaba ocupada por basurales,
asentamientos y por las fábricas de la zona, que usaban esos terrenos como
propios, en flagrante ilegalidad.
Clarín navegó el Riachuelo. Es cierto que las márgenes ya no
muestran las montañas de basura que se veían antes, el camino de sirga está
liberado en varios sectores (donde incluso hay espacios verdes), y el olor
nauseabundo se siente un poco menos. Pero el río sigue siendo una cicatriz de
podredumbre, una vergüenza histórica en la zona más poblada del país, donde
miles de personas sufren la contaminación en su salud. Así como los autos, en
el Riachuelo también se hundieron las promesas de los funcionarios que juraron
limpiarlo. Y la tumba no fue sólo para las carrocerías y las 64 embarcaciones
que removió Prefectura: en estos años, los operarios también encontraron dos
cadáveres.
Para lograr el saneamiento, del lado porteño la necesidad
más urgente era relocalizar a los habitantes de las villas. La gente se fue
instalando en casillas de madera sobre las montañas de basura acumuladas con
los años. Cuesta entender cómo hay gente que pueda vivir en esas casuchas que
parece que se van a desbarrancar al primer viento fuerte. De 1.836 familias, ya
fueron mudadas 412, de los asentamientos El Pueblito, Magaldi y Luján, que ya
no existen. “La idea es que para el año que viene quede liberado todo el camino
de sirga salvo una parte de la villa 21.24”, explicó Silvia Lospennato,
representante del Gobierno porteño en la Autoridad de Cuenca Matanza-Riachuelo
(Acumar), el organismo conformado por Nación, Ciudad y Provincia para cumplir
con el fallo de la Corte.
El otro tema central para sanear el Riachuelo es controlar
los vuelcos de sustancias tóxicas que hacen las empresas. Para encontrar esas
conexiones ilegales, el Gobierno porteño tiene un pequeño robot que recorre y
filma los desagües pluviales. La tercera pata del plan es que ya no se vuelquen
al río los desechos cloacales. Esto se logrará una vez que la empresa AySA
concrete un plan de obras sanitarias que viene demorado.

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